El ratio de solvencia mide si tu activo total cubre tu pasivo total a largo plazo; el ratio de liquidez mide si tu activo corriente cubre tu pasivo corriente a corto plazo. Son primos cercanos, se calculan con partidas parecidas del balance, y por eso casi todos los gerentes que atendemos los confunden la primera vez que los oyen nombrar juntos.
Sabemos, por los datos de búsqueda de nuestra propia web, que mucha gente busca cada término por separado sin tener claro cuál necesita en cada momento. Esta ficha existe justamente para resolver esa confusión de una vez.
La diferencia entre solvencia y liquidez, en una frase
Solvencia responde a “¿podría la empresa pagar todas sus deudas si vendiera todo lo que tiene, aunque tardara años en hacerlo?”. Liquidez responde a “¿puede la empresa pagar lo que vence este mismo año con lo que puede convertir en dinero en ese mismo plazo?”. Una empresa puede ser solvente a largo plazo (mucho patrimonio en inmuebles o maquinaria) y tener liquidez ajustada a corto (poco efectivo o clientes que tardan en pagar). Ambas situaciones son reales y no se contradicen entre sí.
Las dos fórmulas, lado a lado
Ratio de solvencia = Activo total / Pasivo total. Ratio de liquidez = Activo corriente / Pasivo corriente.
Puedes ver el desarrollo completo de cada uno en nuestros artículos sobre ratio de solvencia y cómo se calcula el ratio de liquidez. La diferencia clave está en qué parte del balance entra en cada cálculo: la solvencia usa el balance completo, la liquidez solo su parte corriente (a menos de un año).
Solvencia a corto y largo plazo: por qué el matiz importa
Cuando hablamos de “solvencia a corto plazo” en realidad nos estamos refiriendo casi siempre a la liquidez, aunque en el lenguaje coloquial se mezclen los términos. La solvencia, en sentido estricto, siempre mira a largo plazo: la capacidad estructural de la empresa de responder de sus deudas con su patrimonio total. Cuando un cliente nos pregunta “¿somos solventes a corto plazo?”, en realidad está preguntando por su ratio de liquidez.
¿Qué ratio importa más al banco?
Depende del tipo de operación. Para un préstamo a largo plazo, el banco pondrá más peso en la solvencia: quiere saber si el patrimonio de la empresa respalda esa deuda durante todo su plazo de vida. Para una póliza de crédito o una línea de circulante, el peso se desplaza hacia la liquidez: lo que importa es si la empresa puede devolver ese dinero dentro del ejercicio. En la práctica, un buen análisis de riesgo bancario —y el que hacemos nosotros antes de cualquier negociación— revisa siempre los dos juntos, dentro del conjunto de los 5 ratios financieros que todo banco revisa.
Qué hacer si uno de los dos ratios está débil
Si tu ratio de solvencia es débil, el problema suele estar en un patrimonio neto insuficiente frente al pasivo total, y la solución pasa por capitalizar la empresa o reducir deuda estructural. Si tu ratio de liquidez es débil, el problema está en el ciclo de cobro y pago a corto plazo, y ahí conviene revisar primero tu ciclo de conversión de efectivo antes de buscar financiación adicional.
Preguntas frecuentes
P: ¿Puede una empresa tener buena solvencia y mala liquidez al mismo tiempo?
R: Sí, es habitual en empresas con mucho inmovilizado (naves, maquinaria) y poco efectivo disponible. La solvencia estructural es buena, pero el día a día puede resultar ajustado si el ciclo de cobro no está bien gestionado.
P: ¿Qué ratio debo mejorar primero si tengo ambos débiles?
R: Normalmente la liquidez, porque un problema de caja a corto plazo es más urgente que uno de estructura patrimonial a largo plazo. Resuelto el corto plazo, se puede trabajar con más calma la solvencia estructural.
P: ¿Estos dos ratios sirven igual para cualquier sector?
R: El cálculo es el mismo, pero el valor de referencia varía: un negocio con mucho inmovilizado (industrial) tolera ratios de liquidez algo más ajustados que uno de servicios con muy poco activo fijo.
P: ¿Con qué frecuencia debería revisar ambos ratios?
R: Al menos una vez al año, y siempre antes de solicitar financiación bancaria, para saber de antemano cuál de los dos va a pesar más en la decisión del banco según el tipo de operación.